No hay que probar mil cosas para dejar el cigarrillo. Pero, para lograrlo, primero hay que reconocer que se trata de una adicción.
Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaquismo es la mayor epidemia mundial, una auténtica enfermedad, la adicción a la nicotina, una sustancia cinco veces más adictiva que la cocaína. Su mecanismo de acción es similar a los de otras drogas, como la heroína o el alcohol. Cuanto más se fuma, mayor es el número de receptores nicotínicos que se van desarrollando en el cerebro. A medida que ese número crece, aumenta la cantidad de nicotina requerida para satisfacer y calmar la necesidad de volver a fumar. La falta de nicotina, por el contrario, provoca sensación de malestar, mal humor, insomnio, intolerancia, irritabilidad, ansiedad, disminución de la capacidad de concentración, aumento del apetito y miedo. El fumador necesita fumar para evitar los síntomas de abstinencia.
Por eso, la adicción no se resuelve solamente con fuerza de voluntad. Apenas el cinco por ciento de los fumadores logra dejar de fumar sin ayuda. ¿Qué hacer entonces?
- Antes que nada hay que elaborar una estrategia y prepararse anímicamente. Siempre es importante que el fumador logre descubrir lo que siente, lo que piensa y las sensaciones que le despierta el cigarrillo. Por supuesto, también es fundamental estar informado, asesorarse, buscar ayuda médica. Contar con parches de nicotina o la medicación que puede proporcionar algún profesional especializado. Son los mejores aliados.
- Pensar en términos de salud. Poder encontrar uno o varios motivos personales ayuda a tomar la decisión. Esta debe estar basada en los beneficios de dejar de fumar, no en los daños que ocasiona el cigarrillo. La mayor parte de los fumadores conoce los riesgos y, sin embargo no deja. El temor como motivación no es útil.
- Fijar día y hora para dejar de fumar. Y respetarlos.
La semana previa al Día D se recomienda:
1) Seguir fumando (pero bajo condiciones especiales).
2) Ir mentalizándose día a día para dejar. Concentrarse.
3) Aceptar que el momento es ahora. Aprovechar la iniciativa. No esperar el momento “ideal”. Nunca vamos a sentir que llegó el momento óptimo. Eso no ocurre. El momento es ahora. Si la decisión se posterga, podría ser por meses o años. Aparte, cuanto antes mejor, nunca es tarde.
4) Tratar de organizar una red de contención. El fumador generalmente se resiste a pedir ayuda o no sabe cómo hacerlo. Es importante que le avise a las personas más cercanas lo que está haciendo para que lo ayuden y contengan. ¿Si conviene dejar solo o en grupo? Tomar la decisión de dejar de fumar en grupo tiene sus ventajas. Al compartir sentimientos y miedos con otros fumadores, la decisión se multiplica y el esfuerzo disminuye: el compromiso grupal tiene otra fuerza. Los integrantes se apoyan mutuamente.
5) Seguir fumando. No disminuir la cantidad de cigarrillos. Tampoco convidar ni aceptar cigarrillos. Así se descubre cuántos se consumen realmente. En esta etapa es importante tomar conciencia del acto, que cada fumador descubra cómo y cuánto fuma. Con frecuencia, fumar es un acto automático, reflejo, impulsivo. Para eso, se puede anotar cada cigarrillo en una planilla aclarando hora, actividad, estado anímico y nivel de deseo. Esto ayuda a reconocer cómo están distribuidos a lo largo del día y cuáles son los que más se van a extrañar o se necesitan.
6) Concentrarse. Pensar en dejar. Realmente es muy útil programarse previamente. Siempre es preferible fijar una fecha, prepararse, a dejar ahora, en un segundo, ya. Si se fumó durante muchos años, perfectamente se le pueden dedicar algunos días a la preparación. Hay que prepararse para la tarea que se va a enfrentar, juntar fuerzas, mentalizarse positivamente. Programar el día con anticipación le da jerarquía, trascendencia al hecho. Es una decisión de vida importante.
Carola Sainz es coautora, junto con la doctora Susana Reznik, de “El placer de no fumar… nunca más”, de Editorial Aguilar, de donde se extraen estos consejos.